
¿Quién te obliga a hacer ejercicio todas las mañanas, haciéndote correr hasta la parada, con la inocente presunción de que te va a esperar, para luego cerrarte la puerta en tus narices y mirarte, con ojos de "Más rápido, chaval, hay que entrenar más..."?
¿Quién mira más por tu linea, obligándote a recapacitar sobre el volumen que ocupa tu cuerpo dentro del bus, apiñado entre otras 2341 personas, mientras refunfuña y te dice "Vamos a apretarnos un poco más, que todavía me cabe la Filarmónica de Londres aquí dentro, con los instrumentos y todo"?
En fín, queridos convecinos, levantemos nuestras manos y cantemos loas y alabanzas hacia este gremio, nunca bien ponderado... Hosanna en la calle, bendito el que viene en el nombre de la línea 7...
Así sea.