
Como todo en esta vida, ha evolucionado con los tiempos; en mi niñez, pasaba pregonando a voces:
Aaaaaaaaaaaaaaaay el riiiiiiiiiiiiiiico helado de vainiiiiiiiii, tutifruuuuuuuu,chocolaaaaaaaa, dosguuuuuuuuuuuu...
O si no, con su canasta de mimbre, vendiendo paquetes de patatas fritas, de esas que se te quedaban pegadas en las muelas y no podías quitártelas hasta pasadas un par de horas.
Ahora ya no grita, no se le oye; solo te mira con sus ojos tristes de inmigrante, bajo una gruesa capa de pareos, toallas de Bob Marley, gafas de sol, CDs y DVDs. Te habla sin palabras, y tu sabes que comprarle algo es darle de comer hoy, mañana dios dirá
También los hay en su modalidad "Argentina Style"; éste se dedica al merchandaising del abalorio, con su muestrario de pulseras, colgantes, tobilleras, todo realizado en huesos y semillas de plantas que no has oido en tu puñetera vida. Cuidado con él, que cuando despliega su verbo, no hay cartera que se resista.